Los mundos de la escritora chilena Isabel Allende no tienen límites. En su imaginario se cruzan la historia reciente y pasada de Chile y Sudamérica, y su propia vida familiar; con el mito y el realismo mágico: relatos de otros universos, personajes mitológicos y los sueños, que la acompañaron desde niña, siempre teniendo a la figura femenina como heroína, centro, luz, sabiduría y fuerza. Criticada y reconocida en todo el mundo, Isabel nunca perdió su fuerza y coraje, tampoco su sensibilidad particular.
Nacida en Lima, Perú, en 1942, desde pequeña comenzó a imaginar los lugares y personajes que luego serían los protagonistas de sus novelas: por ejemplo, la casa del abuelo materno, donde vivió cuando se mudó a Chile con su madre y sus hermanos gracias a la ayuda del primo de su padre, el futuro presidente de Chile Salvador Allende. Este lugar será luego evocado en la primera novela de la escritora, La casa de los espíritus, nacida de una larga carta que Isabel escribió a su abuelo, que también se convirtió en una película – La casa de los espíritus de Billie August, con Meryl Streep y Jeremy Irons – y la consolidó como una de las autoras latinoamericanas de mayor éxito en el mundo, con 67 millones de copias vendidas y obras traducidas a más de 40 idiomas.
Niña inquieta y ya ciudadana del mundo, se traslada a Bolivia, Europa y Líbano, siempre debido al trabajo diplomático del esposo de su madre. En 1959 regresa a Chile y tres años después se casa con Michael Frias, con quien tendrá dos hijos, Paula y Nicolás. Su inteligencia, agudeza y fuerza emergen desde joven en su trabajo como periodista. A través de su columna en la histórica revista chilena «Paula», se convierte rápidamente en una figura valiente y revolucionaria. Después del golpe de Estado de Pinochet el 11 de septiembre de 1973, se traslada en 1975 a Caracas, para luego vivir definitivamente en Estados Unidos, donde conoce a su segundo esposo, William Gordon.
A partir de ese momento, comienza la fase más prolífica de la escritora. Es el período en el que se define su estilo característico, que combina un lenguaje periodístico y el realismo mágico, la metáfora y la brutalidad, la responsabilidad política e histórica y el romanticismo y la magia; todo ello condimentado con una aguda lucidez y un sentido del humor dulce e indulgente. Su obra ha sido clasificada dentro del movimiento literario conocido como posboom, también definido por algunos críticos como la novísima literatura. En general, sus obras son o parecen autobiográficas, pero ella prefiere definirlas como «memorias», «colecciones de recuerdos más cercanas a la ficción que a la realidad». Entre sus novelas más conocidas a nivel mundial se encuentran De amor y de sombra (1984), Eva Luna (1987), El infinito en la palma de la mano (1991), Afrodita (1977), La hija de la fortuna (1998), Retrato en sepia (2000), Mi país inventado (2003) y La isla bajo el mar (2009).
Ganadora del Premio Nacional de Literatura de Chile en 2010, Isabel ha recibido muchos premios y reconocimientos, como el Premio Malaparte (Capri, 1998), el Doctorado Honoris Causa (Trento, 2007) y el Premio Hans Christian Andersen de Literatura (Dinamarca, 2011).
En los últimos años, la vida la ha llevado en una nueva y emocionante dirección: el mundo de los niños y los jóvenes. De esta fértil imaginación, y sin dejar de escuchar nunca a su niña interior, nace la trilogía Memorias del Águila y del Jaguar (2012).
Comprometida, valiente, honesta y creativa, siempre fiel a sí misma, haciendo oír su voz y dando fuerza e intensidad a las voces de las mujeres de todo el mundo. Isabel Allende no es solo una escritora, sino una fuerza de la naturaleza, que con su talento ha construido un maravilloso mundo imaginario donde todo es posible, más allá de los idiomas, las religiones y las fronteras geográficas y culturales.
Traducido por Dafne Malvasi.